lunes, 16 de noviembre de 2009

Luz De Luna

Tan cerca y tan lejos, su relación con la noche los unía, su relación con la oscuridad. La misma que los separaba, la luna que en el firmamento ilumina los parajes que las sombras ocultan, los dividía en luz y tinieblas. Sólo una plateada luz los hacía tan diferentes, pero uno no podía vivir sin el otro...Sin luz no hay oscuridad, sin oscuridad no hay luz...
Una isilwen caminaba a la luz plateada de la luna llena que iluminaba los recovecos del espeso bosque, avanzaba deleitándose con la fría luz del astro de la noche. ¡Cómo amaba pasear al suave toque que ejercía sobre su piel el delicado haz de luna!...
Un elfo oscuro se regodeaba con las sombras que generaba la luz en su preciado boscaje. En ese lugar en donde las noches de luna habitaba. Adoraba tanto como la sombra acariciaba, con su perfecto roce, embriagador y tranquilizante a su perfecta tez de elfo... Él, a diferencia de lo que las creencias decían, era hermoso, no parecía un enano, por ningún motivo, era de piel morena con oscuros cabellos que le rozaban delicadamente su amplia espalda, trabajada por las incontables horas de forjadura en los subterráneos lares en que ejercía su profesión...
La luna marcaba el camino que cada mes, al completarse una fase lunar, seguía, buscaba desde hace un año, esos ojos de sombra, esos penetrantes ojos negros, hace doce meses, hace doce lunas llenas esos ojos le cautivaron...
Los parajes que el camino de luz de luna dejaba en tinieblas eran su perfecto escondite, pero...¿de qué se escondía?, de nada... sólo buscaba ocultar su presencia a esos ojos color plata azulosa que cada mes, cuando la reina de los mares resplandecía con su máximo fulgor, le buscaba...a él, sólo a él. A pesar de querer mostrarse a esos preciosos ojos de luna, que tantas horas del día inundaban su pensamiento, no podía... Su debilidad hacia lo que hacía tan fuerte a la dueña de esos ojos que le volvían loco, le impedía acercarse a la que poco a poco se adueño de su oscuro corazón...
Aunque el astro en el cielo, poseía una redondez perfecta, ni siquiera con toda la brillantez magna, que tenía, podía observar en su total magnificencia al poseedor de esos ojos de tinieblas. Esos ojos que parecían ver a través de ella...
Su mirar inocente e ingenuo, le atraían, más de lo que jamás pudo recordar, pero hoy, sus delicados ojos color plata escondían algo que él no podía descifrar.
Te amo, esas simples palabras ambos pensaban, pero ¿Cómo amar a quien no puedes?, un amor prohibido... uno alejado de los parámetros, que la sociedad mágica imponía, pero... ¿quién sería capaz de separar tal amor que se profesaban?, a pesar de que las palabras no han hecho acto de presencia en la extraña y retorcida relación que mantenían, sobraban, sus miradas bastaban para entender lo que el otro quería decir.
La isilwen se mantenía en el límite de la luz, a sólo un paso de la oscuridad total.
El elfo oscuro se quedaba hasta donde las tinieblas dominaban, a sólo centímetros de que la plateada luz tocara su morena piel.
-¿Sabes que si dejo la luz de luna moriré?-dijo la isilwen
-¿Sabes que si permito que el haz de luna toque mi piel, falleceré?
-...Aún así... te amo- dijo la hada sonriendo
-...Aún así... te amo- corroboró el elfo...
El mínimo roce era imposible, ella con su propio resplandor, no podía tocar la suave tez de tinieblas... Él, con su magna oscuridad, era incapaz de cruzar el delgado límite que los separaba, para rozar dulcemente su fría piel, pero si lograba tal atrevimiento, la muerte de ambos era inminente. Él le invadiría con su sombría presencia, robaría su luz y ella moriría en sus brazos, junto con él.
No le importaba morir, ahora, la decisión ya la había tomado. Finalmente cumpliría su morboso deseo, que hace un año le asediaba. No podía negarse algo que tanto había esperado... Pero... que pasaba si no él no estaba de acuerdo... pues no importaba, el deseo egoísta era mucho mayor...
Su muerte sería de poca importancia si lograba al fin deslizar sus dedos por la pálida piel de su rostro, sería feliz, abrazaría al ángel de la muerte sin pensarlo dos veces, si ese era el precio que debía pagar por un simple roce... Lo haría...mas... qué sucedería si ella retrocedía, por lo menos habría hecho el intento...
Al mismo tiempo, un paso hacia adelante dieron, el dolor para el elfo era terrible. Que la luz huyera de su cuerpo era un suplicio... Pero para ambos valía la pena.
Un tierno abrazo del que la luna, las estrellas y las sombras fueron testigos, se convirtió en un casto beso, un simple roce entre sus labios... Que se fue debilitando con el morir de los segundos. Su luz se extinguía, su oscuridad clareaba, el manto mortecino se extendía sobre ellos...
Nada lo podía impedir... Todo se volvía luz, todo se volvía oscuridad... Todo era de nuevo como debía ser...

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