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chatarra la del la historia sueños
moda lanzó la su de quiero del de
nueva la con edición la sitios
N/A: Poema neodadaista
lunes, 16 de noviembre de 2009
Pasado
Sonrisas rotas;
Lágrimas secas;
Gritos callados;
Silencios ruidosos:
Todos y cada uno de ellos
borrados con el pasar de eso que llamamos Tiempo...
A eso que le decíamos Futuro,
el tiempo perdió
y tras nosotros quedó.
Preciosos segundos
se escurrieron entre los dedos,
creando un antes, un después y un ahora.
Pero los ahoras del momento,
se convirtieron en antes con la muerte de los segundos
Y los después del mañana
serán ahoras con el correr del Tiempo.
Esos ahoras siempre quedarán en un antes.
Entonces... todo se reduce a un antes...
Fuimos el futuro del Pasado
y seremos el pretérito del Futuro,
pero siempre y nunca somos el ahora.
Cada momento en el que vivimos el ahora,
ya murió, son recuerdos,
memorias breves que se desvanecieron...
Y los recuerdo vívidos,
que oculta el viejo antes,
mueren, fenecen, junto al perecer de los ahoras.
Las vidas se les van poco a poco...
Los eones pesan, pesan tanto,
que hunden las vívidas memorias,
asesinándolas lentamente.
Ocultando sus cadáveres,
bajo los inertes cuerpos del tiempo muerto.
Y cuando tu descendencia anciana esté;
Y tu piel no sea más que un muerto recuerdo;
Y las eras hayan esparcido tu ser;
La lección aprendida estará...
Pretérito eras, Pasado eres y Arcaico serás...
Lágrimas secas;
Gritos callados;
Silencios ruidosos:
Todos y cada uno de ellos
borrados con el pasar de eso que llamamos Tiempo...
A eso que le decíamos Futuro,
el tiempo perdió
y tras nosotros quedó.
Preciosos segundos
se escurrieron entre los dedos,
creando un antes, un después y un ahora.
Pero los ahoras del momento,
se convirtieron en antes con la muerte de los segundos
Y los después del mañana
serán ahoras con el correr del Tiempo.
Esos ahoras siempre quedarán en un antes.
Entonces... todo se reduce a un antes...
Fuimos el futuro del Pasado
y seremos el pretérito del Futuro,
pero siempre y nunca somos el ahora.
Cada momento en el que vivimos el ahora,
ya murió, son recuerdos,
memorias breves que se desvanecieron...
Y los recuerdo vívidos,
que oculta el viejo antes,
mueren, fenecen, junto al perecer de los ahoras.
Las vidas se les van poco a poco...
Los eones pesan, pesan tanto,
que hunden las vívidas memorias,
asesinándolas lentamente.
Ocultando sus cadáveres,
bajo los inertes cuerpos del tiempo muerto.
Y cuando tu descendencia anciana esté;
Y tu piel no sea más que un muerto recuerdo;
Y las eras hayan esparcido tu ser;
La lección aprendida estará...
Pretérito eras, Pasado eres y Arcaico serás...
A La Reina De La Noche
Tan pálida y tan mortecina;
Tan perfecta y tan redonda;
Tan hermosa y tan lejana;
las descripciones no alcanzan.
Ella tan ajena,
ajena a lo que aquí sucede....
aquí en los bajos lares,
en los que residimos.
Ella, que desde lo alto,
nos observa, nos mira angelicalmente,
mientras nosotros nos asesinamos lentamente,
a la luz plateada y fría que irradia.
Es totalmente incapaz de interceder,
es más, disfruta viéndonos morir,
perecer lenta y dolorosamente,
esparciendo nuestra sangre carmesí
Ella posee tanta egolatría
y es tan envidiosa,
que una vez al mes,
opaca al resto,
que una ves al mes,
se va para que la extrañemos
Es tan egocéntrica
por la idolatría que le hemos dado,
que no le vasta reinar los cielos,
sino que también el mar azul.
Pero a pesar,
de que no interceda por nosotros,
siempre ha estado,
para que dejemos en ella,
en ella nuestros miedos y frustraciones...
Para que cuando con su fulgor
nos alivie nuestros males,
para que ella absorba,
las miradas que desprenden todos esos sentimientos.
Por eso y mucho más,
en ella muchas miradas,
siempre se encontraron,
mientras nacen y mueren vidas...
Tan perfecta y tan redonda;
Tan hermosa y tan lejana;
las descripciones no alcanzan.
Ella tan ajena,
ajena a lo que aquí sucede....
aquí en los bajos lares,
en los que residimos.
Ella, que desde lo alto,
nos observa, nos mira angelicalmente,
mientras nosotros nos asesinamos lentamente,
a la luz plateada y fría que irradia.
Es totalmente incapaz de interceder,
es más, disfruta viéndonos morir,
perecer lenta y dolorosamente,
esparciendo nuestra sangre carmesí
Ella posee tanta egolatría
y es tan envidiosa,
que una vez al mes,
opaca al resto,
que una ves al mes,
se va para que la extrañemos
Es tan egocéntrica
por la idolatría que le hemos dado,
que no le vasta reinar los cielos,
sino que también el mar azul.
Pero a pesar,
de que no interceda por nosotros,
siempre ha estado,
para que dejemos en ella,
en ella nuestros miedos y frustraciones...
Para que cuando con su fulgor
nos alivie nuestros males,
para que ella absorba,
las miradas que desprenden todos esos sentimientos.
Por eso y mucho más,
en ella muchas miradas,
siempre se encontraron,
mientras nacen y mueren vidas...
La Brisa
Todo a su paso se congelaba, TODO, nada se salvaba de su frígido toque, hasta el más árido y caluroso de los desiertos, se vería convertido en un desierto de hielo. La Brisa, era un monstruo sin reconocer, nadie era capaz de preever su llegada, pero su paso era totalmente conocido, su paso que en si no era sangriento, pero si dejaba una matanza... no podía hacer correr sangre, pero si derrumbaba a miles de entes con su maldito avanzar...
No quería evitar tal masacre, de hecho, adoraba ver caer uno a uno, los personajes a su alrededor, ese aspecto azuloso le encantaba, verlos derrumbados con ese hermoso tono azul...
No quería evitar tal masacre, de hecho, adoraba ver caer uno a uno, los personajes a su alrededor, ese aspecto azuloso le encantaba, verlos derrumbados con ese hermoso tono azul...
Carmín Intenso
Al fin mostraba sus ojos, ese azul profundo no era más que una mentira. Sus orbes de un carmín oscuro, que más que atemorizarle, le atraían. Un profundo mar de espesa y pegajosa sangre se debatía en lo abismal de sus ojos.
Con rapidez inhumana se situó junto. El suave y electrizante toque de esos blancos y afilados colmillos sobre su aterciopelada piel, le causó escalofríos. Pronto el dolor masoquista se hizo sentir, el tormento que percibía era enorme, pero saber que ella era quien lo causaba era tranquilizante y placentero. El espeso líquido color escarlata caía por su cuello, pero pronto fue detenido por la sed de sangre de ella. En el momento en que su piel fue rasgada, todo quedó escrito, su sangre ya no le pertenecía, era de ella ahora y siempre...
Con rapidez inhumana se situó junto. El suave y electrizante toque de esos blancos y afilados colmillos sobre su aterciopelada piel, le causó escalofríos. Pronto el dolor masoquista se hizo sentir, el tormento que percibía era enorme, pero saber que ella era quien lo causaba era tranquilizante y placentero. El espeso líquido color escarlata caía por su cuello, pero pronto fue detenido por la sed de sangre de ella. En el momento en que su piel fue rasgada, todo quedó escrito, su sangre ya no le pertenecía, era de ella ahora y siempre...
Coleccionista de Reflejos
Coleccionista de reflejos
Una vez más se encontraba hurtando los reflejos del día, de aquellos espejos en su dominio, esos valiosos instantes, que eran su obsesión. Miradas cargadas de vanidad eran las más comunes, también había las que reflejaban miradas de adoración extrema, ojos que reflejaban amor, otros odio y un sin fin de imágenes.
Después de robados los reflejos, nunca más eran recuperados por sus dueños. Hurtaba esos momentos, porque nunca pudo obtener un propio reflejo, los alejaba de sus dueños, buscando los que más le gustaban, pero ninguno le calzaba. Otra vez, había dejado a tantas personas sin reflejo, llevándose, sin saber, su alma, sus cuerpos eran solo cápsulas vacías, que morían con el lento pasar de los días.
Cuando revisaba sus colecciones del día, un reflejo le cautivó, la faz que admiraba, irradiaba paz; totalmente diferente a las típicas muecas de un espejo. Ante tal belleza, buscaba incansablemente encontrarle nuevamente, la tranquilidad que le embargaba, cuando veía esa cara, era tal, que ahora era imperioso encontrarle.
Cada día esperaba verle, pero sus intentos eran en vano, cuando los años pasaron y su reflejo nunca más apareció. Como su obsesión aún le perseguía y no era capaz de encontrar la cara nuevamente, decidió que era momento de dejar el mundo tras el espejo e insertarse al mundo “real”.
Cuando estaba afuera, el dolor del mundo real le pesaba, un día recorriendo eso que llamamos cementerio, visualizó nuevamente aquel rostro pacífico, pero ahora no se movía, estaba estático, en una foto, sobre una tumba... Su sangre sin reflejo, corría por el verde pasto, liberándose del peso de la dolorosa verdad que recaía sobre sus hombros
Una vez más se encontraba hurtando los reflejos del día, de aquellos espejos en su dominio, esos valiosos instantes, que eran su obsesión. Miradas cargadas de vanidad eran las más comunes, también había las que reflejaban miradas de adoración extrema, ojos que reflejaban amor, otros odio y un sin fin de imágenes.
Después de robados los reflejos, nunca más eran recuperados por sus dueños. Hurtaba esos momentos, porque nunca pudo obtener un propio reflejo, los alejaba de sus dueños, buscando los que más le gustaban, pero ninguno le calzaba. Otra vez, había dejado a tantas personas sin reflejo, llevándose, sin saber, su alma, sus cuerpos eran solo cápsulas vacías, que morían con el lento pasar de los días.
Cuando revisaba sus colecciones del día, un reflejo le cautivó, la faz que admiraba, irradiaba paz; totalmente diferente a las típicas muecas de un espejo. Ante tal belleza, buscaba incansablemente encontrarle nuevamente, la tranquilidad que le embargaba, cuando veía esa cara, era tal, que ahora era imperioso encontrarle.
Cada día esperaba verle, pero sus intentos eran en vano, cuando los años pasaron y su reflejo nunca más apareció. Como su obsesión aún le perseguía y no era capaz de encontrar la cara nuevamente, decidió que era momento de dejar el mundo tras el espejo e insertarse al mundo “real”.
Cuando estaba afuera, el dolor del mundo real le pesaba, un día recorriendo eso que llamamos cementerio, visualizó nuevamente aquel rostro pacífico, pero ahora no se movía, estaba estático, en una foto, sobre una tumba... Su sangre sin reflejo, corría por el verde pasto, liberándose del peso de la dolorosa verdad que recaía sobre sus hombros
Luz De Luna
Tan cerca y tan lejos, su relación con la noche los unía, su relación con la oscuridad. La misma que los separaba, la luna que en el firmamento ilumina los parajes que las sombras ocultan, los dividía en luz y tinieblas. Sólo una plateada luz los hacía tan diferentes, pero uno no podía vivir sin el otro...Sin luz no hay oscuridad, sin oscuridad no hay luz...
Una isilwen caminaba a la luz plateada de la luna llena que iluminaba los recovecos del espeso bosque, avanzaba deleitándose con la fría luz del astro de la noche. ¡Cómo amaba pasear al suave toque que ejercía sobre su piel el delicado haz de luna!...
Un elfo oscuro se regodeaba con las sombras que generaba la luz en su preciado boscaje. En ese lugar en donde las noches de luna habitaba. Adoraba tanto como la sombra acariciaba, con su perfecto roce, embriagador y tranquilizante a su perfecta tez de elfo... Él, a diferencia de lo que las creencias decían, era hermoso, no parecía un enano, por ningún motivo, era de piel morena con oscuros cabellos que le rozaban delicadamente su amplia espalda, trabajada por las incontables horas de forjadura en los subterráneos lares en que ejercía su profesión...
La luna marcaba el camino que cada mes, al completarse una fase lunar, seguía, buscaba desde hace un año, esos ojos de sombra, esos penetrantes ojos negros, hace doce meses, hace doce lunas llenas esos ojos le cautivaron...
Los parajes que el camino de luz de luna dejaba en tinieblas eran su perfecto escondite, pero...¿de qué se escondía?, de nada... sólo buscaba ocultar su presencia a esos ojos color plata azulosa que cada mes, cuando la reina de los mares resplandecía con su máximo fulgor, le buscaba...a él, sólo a él. A pesar de querer mostrarse a esos preciosos ojos de luna, que tantas horas del día inundaban su pensamiento, no podía... Su debilidad hacia lo que hacía tan fuerte a la dueña de esos ojos que le volvían loco, le impedía acercarse a la que poco a poco se adueño de su oscuro corazón...
Aunque el astro en el cielo, poseía una redondez perfecta, ni siquiera con toda la brillantez magna, que tenía, podía observar en su total magnificencia al poseedor de esos ojos de tinieblas. Esos ojos que parecían ver a través de ella...
Su mirar inocente e ingenuo, le atraían, más de lo que jamás pudo recordar, pero hoy, sus delicados ojos color plata escondían algo que él no podía descifrar.
Te amo, esas simples palabras ambos pensaban, pero ¿Cómo amar a quien no puedes?, un amor prohibido... uno alejado de los parámetros, que la sociedad mágica imponía, pero... ¿quién sería capaz de separar tal amor que se profesaban?, a pesar de que las palabras no han hecho acto de presencia en la extraña y retorcida relación que mantenían, sobraban, sus miradas bastaban para entender lo que el otro quería decir.
La isilwen se mantenía en el límite de la luz, a sólo un paso de la oscuridad total.
El elfo oscuro se quedaba hasta donde las tinieblas dominaban, a sólo centímetros de que la plateada luz tocara su morena piel.
-¿Sabes que si dejo la luz de luna moriré?-dijo la isilwen
-¿Sabes que si permito que el haz de luna toque mi piel, falleceré?
-...Aún así... te amo- dijo la hada sonriendo
-...Aún así... te amo- corroboró el elfo...
El mínimo roce era imposible, ella con su propio resplandor, no podía tocar la suave tez de tinieblas... Él, con su magna oscuridad, era incapaz de cruzar el delgado límite que los separaba, para rozar dulcemente su fría piel, pero si lograba tal atrevimiento, la muerte de ambos era inminente. Él le invadiría con su sombría presencia, robaría su luz y ella moriría en sus brazos, junto con él.
No le importaba morir, ahora, la decisión ya la había tomado. Finalmente cumpliría su morboso deseo, que hace un año le asediaba. No podía negarse algo que tanto había esperado... Pero... que pasaba si no él no estaba de acuerdo... pues no importaba, el deseo egoísta era mucho mayor...
Su muerte sería de poca importancia si lograba al fin deslizar sus dedos por la pálida piel de su rostro, sería feliz, abrazaría al ángel de la muerte sin pensarlo dos veces, si ese era el precio que debía pagar por un simple roce... Lo haría...mas... qué sucedería si ella retrocedía, por lo menos habría hecho el intento...
Al mismo tiempo, un paso hacia adelante dieron, el dolor para el elfo era terrible. Que la luz huyera de su cuerpo era un suplicio... Pero para ambos valía la pena.
Un tierno abrazo del que la luna, las estrellas y las sombras fueron testigos, se convirtió en un casto beso, un simple roce entre sus labios... Que se fue debilitando con el morir de los segundos. Su luz se extinguía, su oscuridad clareaba, el manto mortecino se extendía sobre ellos...
Nada lo podía impedir... Todo se volvía luz, todo se volvía oscuridad... Todo era de nuevo como debía ser...
Una isilwen caminaba a la luz plateada de la luna llena que iluminaba los recovecos del espeso bosque, avanzaba deleitándose con la fría luz del astro de la noche. ¡Cómo amaba pasear al suave toque que ejercía sobre su piel el delicado haz de luna!...
Un elfo oscuro se regodeaba con las sombras que generaba la luz en su preciado boscaje. En ese lugar en donde las noches de luna habitaba. Adoraba tanto como la sombra acariciaba, con su perfecto roce, embriagador y tranquilizante a su perfecta tez de elfo... Él, a diferencia de lo que las creencias decían, era hermoso, no parecía un enano, por ningún motivo, era de piel morena con oscuros cabellos que le rozaban delicadamente su amplia espalda, trabajada por las incontables horas de forjadura en los subterráneos lares en que ejercía su profesión...
La luna marcaba el camino que cada mes, al completarse una fase lunar, seguía, buscaba desde hace un año, esos ojos de sombra, esos penetrantes ojos negros, hace doce meses, hace doce lunas llenas esos ojos le cautivaron...
Los parajes que el camino de luz de luna dejaba en tinieblas eran su perfecto escondite, pero...¿de qué se escondía?, de nada... sólo buscaba ocultar su presencia a esos ojos color plata azulosa que cada mes, cuando la reina de los mares resplandecía con su máximo fulgor, le buscaba...a él, sólo a él. A pesar de querer mostrarse a esos preciosos ojos de luna, que tantas horas del día inundaban su pensamiento, no podía... Su debilidad hacia lo que hacía tan fuerte a la dueña de esos ojos que le volvían loco, le impedía acercarse a la que poco a poco se adueño de su oscuro corazón...
Aunque el astro en el cielo, poseía una redondez perfecta, ni siquiera con toda la brillantez magna, que tenía, podía observar en su total magnificencia al poseedor de esos ojos de tinieblas. Esos ojos que parecían ver a través de ella...
Su mirar inocente e ingenuo, le atraían, más de lo que jamás pudo recordar, pero hoy, sus delicados ojos color plata escondían algo que él no podía descifrar.
Te amo, esas simples palabras ambos pensaban, pero ¿Cómo amar a quien no puedes?, un amor prohibido... uno alejado de los parámetros, que la sociedad mágica imponía, pero... ¿quién sería capaz de separar tal amor que se profesaban?, a pesar de que las palabras no han hecho acto de presencia en la extraña y retorcida relación que mantenían, sobraban, sus miradas bastaban para entender lo que el otro quería decir.
La isilwen se mantenía en el límite de la luz, a sólo un paso de la oscuridad total.
El elfo oscuro se quedaba hasta donde las tinieblas dominaban, a sólo centímetros de que la plateada luz tocara su morena piel.
-¿Sabes que si dejo la luz de luna moriré?-dijo la isilwen
-¿Sabes que si permito que el haz de luna toque mi piel, falleceré?
-...Aún así... te amo- dijo la hada sonriendo
-...Aún así... te amo- corroboró el elfo...
El mínimo roce era imposible, ella con su propio resplandor, no podía tocar la suave tez de tinieblas... Él, con su magna oscuridad, era incapaz de cruzar el delgado límite que los separaba, para rozar dulcemente su fría piel, pero si lograba tal atrevimiento, la muerte de ambos era inminente. Él le invadiría con su sombría presencia, robaría su luz y ella moriría en sus brazos, junto con él.
No le importaba morir, ahora, la decisión ya la había tomado. Finalmente cumpliría su morboso deseo, que hace un año le asediaba. No podía negarse algo que tanto había esperado... Pero... que pasaba si no él no estaba de acuerdo... pues no importaba, el deseo egoísta era mucho mayor...
Su muerte sería de poca importancia si lograba al fin deslizar sus dedos por la pálida piel de su rostro, sería feliz, abrazaría al ángel de la muerte sin pensarlo dos veces, si ese era el precio que debía pagar por un simple roce... Lo haría...mas... qué sucedería si ella retrocedía, por lo menos habría hecho el intento...
Al mismo tiempo, un paso hacia adelante dieron, el dolor para el elfo era terrible. Que la luz huyera de su cuerpo era un suplicio... Pero para ambos valía la pena.
Un tierno abrazo del que la luna, las estrellas y las sombras fueron testigos, se convirtió en un casto beso, un simple roce entre sus labios... Que se fue debilitando con el morir de los segundos. Su luz se extinguía, su oscuridad clareaba, el manto mortecino se extendía sobre ellos...
Nada lo podía impedir... Todo se volvía luz, todo se volvía oscuridad... Todo era de nuevo como debía ser...
El Cuento Sin Fin
-Entonces...¿Tras esa puerta está la felicidad?- preguntó con cautela
-Sí
-Pero...¿Cómo? ¿Cómo puede la felicidad de todo el mundo estar tras esa puerta, que no lleva nada?
-Confía
-¿Cual es el precio?- preguntó por lo bajo.
-Tu vida
-¿Qué encontraré tras la puerta además de la concreta felicidad?- suspiró
-Sonrisas, carcajadas, alegres recuerdos, en fin sonrisas para el resto de tu existencia, pero NO vida
-¿Cómo entrego mi vida como pago?
-Cuando mueras vendrás aquí nuevamente
77 años después...
-He vuelto, ahora podré entrar a la felicidad...
-Entra., entra...
-He sufrido bastante en mi vida, necesito la felicidad
-Pues pasa- dijo mientras el otro entraba al portal.
-¿Qué me has hecho? ¿Por qué rejuvenezco?
-Volverás a vivir
-¡Pero yo no quiero!
-Lo harás- ordenó
-Yo quiero la eterna felicidad.
-No la tendrás no existe...
Minutos después
-Entonces...¿Tras esa puerta está la felicidad?- preguntó con cautela
-Sí...
N/A: el cuento tambien llamado reencarnacion
-Sí
-Pero...¿Cómo? ¿Cómo puede la felicidad de todo el mundo estar tras esa puerta, que no lleva nada?
-Confía
-¿Cual es el precio?- preguntó por lo bajo.
-Tu vida
-¿Qué encontraré tras la puerta además de la concreta felicidad?- suspiró
-Sonrisas, carcajadas, alegres recuerdos, en fin sonrisas para el resto de tu existencia, pero NO vida
-¿Cómo entrego mi vida como pago?
-Cuando mueras vendrás aquí nuevamente
77 años después...
-He vuelto, ahora podré entrar a la felicidad...
-Entra., entra...
-He sufrido bastante en mi vida, necesito la felicidad
-Pues pasa- dijo mientras el otro entraba al portal.
-¿Qué me has hecho? ¿Por qué rejuvenezco?
-Volverás a vivir
-¡Pero yo no quiero!
-Lo harás- ordenó
-Yo quiero la eterna felicidad.
-No la tendrás no existe...
Minutos después
-Entonces...¿Tras esa puerta está la felicidad?- preguntó con cautela
-Sí...
N/A: el cuento tambien llamado reencarnacion
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