miércoles, 16 de febrero de 2011

Corazón Caliente

Basado en “Corazón Delator” por Edgard Allan Poe

Esa mirada cínica, no concordaba con su amable rostro, de todas las cosas que podía odiar de este hombre, sólo su mirada me repelía. Me hacía sentir inferior, como si de verdad lo fuera, de todos los que habían sucumbido entre mis rojizas manos, era él, a quien más anhelaba arrancarle los últimos suspiros de vida.
Pasé muchos días planeando meticulosamente su fin, ningún detalle se me escapaba. Sería durante la tarde, a su hora de sueño, para que ningún sonido pareciese anormal.
Ya estaba todo listo, mis armas mortales y mi escondite.
Entré sigilosamente a su habitación, pero la adrenalina había agudizado a tal punto mi oído, que mis pasos sonaban muy fuerte. Había logrado mi cometido, había entrado, sin se detectado.
En la vela que se sostenía iluminando lugubremente la habitación, calenté al rojo vivo una cuchara, partiría deshaciéndome de sus ojos, esos que me habían acorralado a esta situación. Metí la cuchara suavemente en sus cuencas y el hombre gritó de dolor, mientras que su corazón adquiría el ritmo de un colibrí. Tomé la precaución de amordazarlo y amarrarlo previamente, así que las quejas que salían de su boca se vieron sofocadas por la tela.
Extraje el primer globo, no era tan asqueroso, volví a repetir la acción, ahora tenía ambos orbes sobre mi mano, con su vista perdida, de un azul tan frío como el mismísimo hielo.
Un fuerte zumbido sonaba en mis oídos, era constante y terriblemente desquiciante
Los párpados desgarrados colgaban de sus cuencas, cual trapo viejo. El anciano se retorcía de dolor, pero las mordazas le impedían huír, si quiera moverse demasiado.
Tomé los cuchillos carniceros que se usaban en invierno para matar al cordero engordado. Los alinié simétricamente sobre sus cuencas ya vacías y los clavé profundamente en su cerebro. Se retorció un poco más, para finalmente adquirir la última posición en vida de su cuerpo y ese zumbido incesante se detuvo.
La vela se había consumido hasta la mitad y aún tenía ese par de ojos que me penetraba, los metí en el vaso con agua que estaba sobre la mesa. Luego me encargaría de ellos.
Trocé cuidadosamente su cadáver, con la cautela de destruir bien su corazón, que había logrado perturbarme.
Levanté lentamente la puerta de la trampilla, pero todo aún sonaba estrepitosamente. Envolví con rapidez y eficiencia los restos y los metí en el oscuro agujero.
Dejé todo en su lugar, ni una sola mancha de sangre, nada que me delatase, entonces los ví, aún tenían esa mirada cínica, aún me asediaba, aún después de muerto. Un zumbido muy fuerte, similar al corazón de un colibrí, me asaltó. Pero el muerto, ya ni aire respiraba, su corazón no podía seguir viviendo, el zumbido iba en aumento y la mirada penetrante de los ojos me calaba hasta los huesos, el vibrante sonido iba aún más rápido...
Noté que la taquicardia reverberar en mi pecho, ¡No!, Sí segía así me descubrirían, debo acabar con esa mirada y con ese zumbido ensordecedor. Debo, debo... ¡Ahora!

Metió su mano en su pecho, tomó y arrancó su latiente corazón. Observó como chorreba frente a si. Lo admiraba como un coleccionista a una pieza única, el zumbido había terminado y nunca más esa mirada penetrante le molestaría. Cayó al suelo, mirando a los ojos en el vaso, empuñando su cálido corazón con su último latido...

1 comentario:

  1. :| no terminé de leerlo, es muy perturbador :|
    Algunas faltas ortográficas.

    Esop, pon una foto de perfil menos sadomasoquista....

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