miércoles, 16 de febrero de 2011

Senectud a través de ojos jóvenes

Se nos escurre la vida entre los dedos
Vemos como el tiempo huye irremediablemente,
pero el hecho de que se marquen nuestras expresiones
y sentimientos en el rostro, no es incorrecto,
es tan natural, pero aún así tememos que nos delate
nuestra faz las vivencias de toda una vida.

No queremos que llegue el momento de no reconocernos
frente al espejo, ese ineludible retrato.
Nos baja a una realidad que no queremos aceptar.
Estamos atemorizados ante la posibilidad que esta
senecta sociedad nos deseche.

El esqueleto frente al espejo no nos miente,
por más que intentemos ocultarlo,
nos vamos pudriendo como si nada.
Nuestros pensamientos ya no se pueden
camuflar por infantiles, se le nota esa añejez,
aportada por esos años sobre nuestra madre.

Nuestro cuerpo ya resentido,
se queja por su prolongado uso.
Nos reclama porque nunca la damos descanso.
Y cuando lo obtiene, la poca energía que le quedaba,
se va y se une a esa gran masa de energía que es el universo.

Nuestra mente, ya extenuada,
Comienza a fallar, se rompe en cientos de pedazos,
y ya no es capaz de armar por completo
ese rompecabezas complicado en el que se ha transformado.
Ya no le vemos salida al laberinto de nuestros pensamientos.
Nos perdimos en la inmensidad de nuestro consciente y subconsciente.

Vemos como nuestra piel se torna ajada,
aun mas frágil que el papel.
Que los tiernos roces,
se transforman en amargas manchas sobre ella.

Percibimos poco a poco ese cansancio
que se hace permanente.
Y notamos que nuestra vida se nos fue,
que ya nuestro putrefacto cuerpo no nos acompaña,
para disfrutar lo poco que de vida sobra.

Olvidamos tantas caras involuntariamente,
no podemos recordar nuestra historia,
no sabemos quien somos y en que no es hemos convertido.
La segunda niñez nos atrapa irreparablemente,
porque nuestras memorias nos fueron arrebatadas
y rotas por el viejo de edad variable.

¡Qué horrible ha de ser el no reconocer,
a quienes odiaste con cada célula de tu ser,
o a quienes amaste con todo tu corazón pensante!
No recordar con nitidez los rostros
que alguna vez tuvieron un significado

No podría soportar el que mis ojos
fueran habitados por densas nubes,
que acabasen por esconder
las claras figuras a mi al rededor,
aunque por otro lado ¿Qué queda de bueno por ver?

Sólo queda esperar,
la densa espesura de la ingravedad
de ese basto universo,
donde nuestra esencia se disolverá...

No hay comentarios:

Publicar un comentario