jueves, 1 de enero de 2009

Enamorarse de un Hada

Corría entre los árboles, intentando esconderse, intentando escapar. Desde que entró en aquel bosque, que parecía tan tranquilo y apacible desde afuera, no había dejado de sentir que alguien o algo lo observaba, lo perseguía, lo acechaba.
Corría sin detenerse, ante las ramas de hayas y robles, que le arañaban los brazos y la cara despiadadamente. Sentía algo espeso correr por su cara, seguramente era sangre. Escapaba, huía, pero no sabía de que, corrió hasta un claro de aquel espeso bosque en el cual se había internado, donde un gran y nudoso roble le hizo sombra. Por alguna razón se sentía adormilado, agotado y aquellas raíces se veían muy cómodas, tan cómodas como para ser su lecho esa tarde. Así durmió
por varias horas, hasta el crepúsculo. Ya era tarde para seguir tratando escapara de aquel bosque que tanto había llegado a despreciar. Debía poner a prueba sus habilidades de supervivencia.
Había al fin conciliado el sueño, luego de haber intentado conseguir algo para comer, intento que había sido en vano. Con el agua no le fue mejor, aunque había logrado beber algo del sereno sobre las hojas y con eso saciar en algo su sed.
Despertó con el alba, con mucho frío y sus extremidades entumecidas. Unos ojos de profundo verde lo miraban con curiosidad. Muy exaltado por aquella extraña compañía, se levantó con mucho cuidado, siendo seguido en todo momento por aquellos hermosos ojos, que al parecer lo habían ¿cautivado?... De pronto sintió unas suaves manos que lo tomaban del brazo y lo guiaban hacía algún lugar dentro del bosque. Finalmente llegaron a otro claro, pero este era más luminoso que el anterior, pero no era más claro por la luz del sol, sino que era otra luz y parecía provenir del árbol más maravilloso, antiguo y frondoso que puedas encontrar en todo este planeta. Aquel árbol no era ni una haya, ni un roble, no, este era un hermoso alerce que se encontraba en el medio del claro, imponente. Al fin logró ver a su guía, era una hermosa mujer, pero tenía algo extraño, unas pequeñas alas sobresalían de su espalda, sus orejas se tornaban puntiagudas y sus ropas no eran de aquel género con el cual los humanos nos vestimos, era mas suave y más delicado. Aquella mujer era un hada, el hombre nunca creyó en los supuestos cuentos insulsos de su infancia, pero ahora los veía delante de sus ojos. Aquella criatura habló, con la más suave, dulce y serena voz, pero no se dirigía a él, sino al árbol, le dedicaba unos suaves cánticos en otro extraño lenguaje que su cerebro era incapaz de entender. De un momento a otro, aquel árbol aumento aquel brillo que ya poseía e inundó de luz el claro y los árboles cercanos. El hada volvió a tomarlo del brazo y lo llevó al árbol, en el alerce una especie de portal le permitió pasar hacia algún otro lugar. Ese otro lugar era extraordinario, era tan claro y tan mágico. Pasó por alto la belleza del aquel otro paraje y dirigió su mirada a una mesa con un gran banquete, que al parecer era sólo para él. Nunca logró saber si el hada le hablaba o no, parecía comunicarse con el por medio de sus pensamientos, pero en ese momento le dijo(o eso creo yo) que podía degustar de la comida que se encontraba sobre la mesa. La comida era lo más exquisito que había comido en toda su vida, el más delicioso manjar que había probado hasta el momento no era nada comparado con eso.
Finalmente cuando su festín terminó, consiguió ver la belleza del paraje, que lo cautivó al instante, que con el tiempo descubrió que sólo le pertenecía al hada, de la cual creía haberse enamorado. El hada le ofreció quedarse en el interior de ese árbol aquella noche, porque si, las horas cerca de un hada pueden parecer sólo segundos, minutos o días hasta incluso semanas, pero el tiempo nunca pasa de la forma normal. Así pasaron los días, el hombre se cautivaba más y más por la belleza de la criatura mística, hasta que finalmente se obligó a si mismo a decirle sus sentimientos hacia ella. Los cuales no fueron correspondidos por el ser. Ella le explicó que aquellos sentimientos no eran reales, sólo eran una ilusión que sus pensamientos le habían jugado. Simplemente era uno de los efectos que sus aura mágica producía en los humanos. Así el hombre se obligó a a abandonar aquel paraje que tanto le había conmovido, por el desprecio de la criatura, la cual accedió a acompañarlo a las afueras del bosque, para que no se volviera a perder, como lo había hecho al entrar. Así ese mismo día salió del bosque en el que se había enamorado(supuestamente).
Con los días se dió cuenta de que aquel supuesto amor que le había nacido hacia aquel hada, sólo fue un capricho, una obsesión. Y con los meses conoció una bella joven, de la cual se enamoró, que los años nació un amor mucho más fuerte el que había sentido por el hada. Después el tiempo pasó, se casó con aquella joven y con los meses de su amor nació un hermoso niño. Nunca más recordó el amor que había sentido hacia a el hada, que según él en aquel entonces lo había cautivado, con su belleza y gracia.

2 comentarios:

  1. Wow miausi, sorprendente, excelente historia ;) espero seguir leyendo más acerca de ella, o cosas similares ;)

    muy buena redacción, y excelente vocabulario

    Espero seguir leyendo.

    Nos estaos viendo
    jqro

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