sábado, 20 de junio de 2009

Viaje a Marte(sin editar)

El planeta se acercaba, estaba a menos de un kilómetro de su superficie. Más cerca, cien metros de su superficie. Diez metros…
-Houston el aterrizaje fue un éxito- Dijo aliviado el astronauta. Recordando el tortuoso viaje que tuvo que resistir junto a su pequeña tripulación en el viaje al planeta rojo.
El primer ser humano en pisar la superficie de aquel planeta desde el fallido intento de aterrizaje de la última tripulación enviada a Marte…El primero en lograr pisar tierra marciana sin ningún inconveniente en el viaje, como lo había tenido la primera exploración de Marte con humanos en el año 2010, que chocó con un asteroide en el cinturón que se encuentra antes de Marte.
Seis meses de viajar por el espacio lo habían hartado. El anhelo de pisar tierra firme era grande, era enorme. El poder pisar tierra aunque no fuera la de su planeta natal era un gran alivio.
Su cometido en ese viaje era encontrar las extrañas ruinas que había encontrado el último robot explorador del planeta en un valle escondido a unos 11.000 metros de él.
Al parecer una civilización había existido en aquel mundo. Una civilización miles de años anterior a la de la Tierra.

Los primeros 7.000 metros no fueron mucha dificultad para él, que un poco más de un año se había entrenado para soportar esas condiciones, pero su marcha se torno más difícil cuando unos extraños líquenes empezaron a aparecer a medida que avanzaba y su paso se tornaba lento e irregular.
-Vida- Exclamó sorprendido el humano.
-¿Vida?, ¿seguro?- Respondió una voz por la radio.
-Si, unos extraños líquenes.
-Extrae un muestra, cuando vuelvas la examinaremos.
Tomó un poco del liquen y lo guardó en una cápsula. Era de un color azul muy pálido, de contextura pastoso y algo seco. Luego de un par de kilómetros los líquenes empezaron a desparecer paulatinamente. Continuó caminando sin mayor dificultad, al valle escondido donde una supuesta antigua civilización se asentaba.

La ciudad de un tono azul pálido, como los líquenes, era bastante grande. Tenía altas edificaciones, que al subir la cabeza no alcanzaba distinguir el final, pero también pequeñas que sólo notaba al tropezar con ellas, por alrededor de tres kilómetros se extendía la ciudad, que parecía haber sido habitada hace miles de años. Estaba llena de un polvo rojizo, característico del planeta, posiblemente a causa de alguna tormenta de viento. A pesar de verse tan antigua, era bastante firme, no se tambaleaba por los vientos que afuera corrían.
Algo que le parecía familiar llamó su atención, un radio, como el que usó la tripulación anterior en su viaje fallido a Marte. Estaba ahí, tirado en medio de lo que parecía ser una calle, pero como, como se encontraba aquel aparato en medio de aquella ciudad, que no eran ruinas, como las había descrito el robot. Su lógica le dio razones de cómo eso había llegado allí, cada una más estúpida que la anterior. Así que se decidió la que le parecía menos descabellada en ese momento. La explosión de la nave, había hecho llegar ese objeto hasta aquel lejano paraje. A su derecha algo llamó su atención, algo se movió. Giró algo preocupado, pero evidentemente aliviado al ver una roca ceder a la fuerte corriente que circulaba, pero algo raro había en eso, ruido, en ningún momento sintió el golpe de la roca contra el suelo. Decidió no tomarle importancia por ahora y seguir explorando aquella ciudad.

Luego de una larga caminata por las “ruinas”, una sombra algo transparente de una silueta de lo que parecía ser un ¿humano?, si, un humano, se convenció con todo lo que le quedaba de raciocinio de que era una jugarreta de su mente.
Siguió caminando por un sendero que lo conducía a quien sabe que lugar de aquella extraña ciudad fantasma.
Un escombro azuloso cayó desde una de las edificaciones dejándolo inconsciente, por lo que parecieron varias horas.
Abrió sus ojos perezosamente sin recordar donde se encontraba, pero de golpe todos los recuerdos fuertes del día se precipitaron en su cabeza.
Donde estaba, no lo sabía, pero se encontraba en una especie de cueva, se aventuraría a decir que en algún lugar subterráneo.
-¿Te encuentras mejor?- Le preguntó un ¡¿hombre?!, pero no era un humano, era como un fantasma, podía ver a través de el y sus ojos, sus ojos eran diferentes. Se les hacían familiares, pero no sabía de donde. De pronto un recuerdo de él cuando era niño se le vino a la mente. Se encontraba frente a la jaula de los tigres y se perdían en aquellos ojos café oscuro que tenían.
Sus ojos eran como los de aquel tigre que vio cuando era un niño.
-¿Qué eres?- le preguntó algo exaltado el astronauta
-Un holograma que proyecta mi verdadero yo.- Al ver su cara de confusión rectificó-una proyección, si prefieres.
-¿Ah?-
-Soy un marciano, bueno la proyección de uno, esta realmente no es mi forma real, es sólo una de las muchas formas que he tomado.
-¿Ah?-Repitió
El habitante del planeta rojo suspiro- Soy uno de los padres de tu civilización, hace mucho tiempo que los vigilamos, su manera de comportarse es bastante irresponsable, si continúan con esa actitud su planeta terminara como el nuestro, con las civilizaciones en guerra sólo por agua, por agua que ahora es tan abundante allá en el planeta azul.
Esa guerra hace mucho que aquí acabó. El agua que queda es sólo para recordarnos, a los sobrevivientes, lo que hicimos-
El astronauta aun extrañado sólo una duda rondaba su cabeza. Como entendía al marciano que tenía en frente. El ser pareció comprender su expresión y le dio una explicación
-Todos los idiomas de las civilizaciones por todo el universo tienen una base en común. Tu raza sólo le ha hecho pequeños cambios, el hecho es, que solamente habló el idioma de la primera era del universo que ustedes usan.
-Los líquenes…
- Era lo que cultivábamos después de que el agua empezó a escasear, necesitaban muy poca agua, son lo que en tu planeta denominan como cactus. Los usábamos para alimentarnos, para sobrevivir y los ocupábamos como materia prima de nuestras edificaciones.
-Los restos de la tripulación anterior…-otra vez no alcanzó a terminar la frase cuando la criatura lo interrumpió.
-Realmente, no explotó, fue uno de los rayos desintegradores, que usábamos en las guerras por agua. Se atravesó en la trayectoria de uno.
-Pero el radio que encontré en la ciudad…
-Es parte de los restos de tripulaciones anteriores que tu pueblo en el pasado envió.
No sabía como, pero no le temía al habitante del planeta rojo que se encontraba frente a él, a decir verdad le infundaba una tranquilidad.
-Bien, ahora que te he dado mi mensaje, ¡Despierta!
-¿Qué?, ¿Esto es un sueño?
-Bueno, algo así
-¿cómo sabré que eres real?
-Toma-Dijo la proyección entregándole una extraña roca brillante- Es un diamante marciano, pulido por los primeros habitantes del planeta, no lo expongas a oxígeno puro, se deteriorará. Ahora despierta.

Abrió sus ojos y se encontraba en el mismo lugar donde estaba antes de caer inconsciente, el escombro de color azul se encontraba cerca de su cabeza.
-¿Estás bien?- Le preguntaron desde la nave
-Si, cuanto tiempo estuve inconsciente
-mmm… unos 10 segundos
-Al parecer, existió una gran civilización aquí, pero ahora no queda nada. Volveré a la nave.- Dicho esto corto la comunicación con sus compañeros, y comenzó a caminar, por donde había llegado. Un pequeño bulto le molestaba en un bolsillo del traje. Metió su mano en el bolsillo y extrajo aquel diamante que le había dado el marciano, era hermoso. Con un tono azul profundo y pequeños detalles en un metal precioso que desconocía. Al parecer su “encuentro cercano” había sido real.

Llegó a la nave que lo dejó en la superficie marciana, para volver a la nave donde estaban el resto de sus compañeros. En el viaje sin que él se diese cuenta, el oxigeno del módulo empezó a dañar constante y paulatinamente el diamante.

Se acopló a la nave que los había traído hasta la órbita del planeta rojo. Entró y se encontró con el resto de los tripulantes.
-Dame la muestra del liquen- le pidió una figura que era de una mujer
-Toma, parece que si había vida, digo, en estos momentos en el planeta, me encontré con una proyección de una marciano y me dio esto- Dijo sacando el diamante deteriorado
- Eso es una roca que debiste haber recogido del suelo marciano, nada que ya no tengamos y que pruebe la existencia de tu “amigo”
- Pero si es cierto, el marciano dijo que se deterioraría con el oxigeno puro de la nave.
-¿Estás bien?- preguntó la mujer que hasta el momento no se había inmiscuido en la conversación
-Si, lo estoy
-¿Estás seguro?- Preguntó el otro hombre
-Si, como también estoy seguro de que el marciano era real

Así la discusión siguió y termino cuando los otros dos lo tomaron y lo encerraron en una de las cámaras de la nave, alegando Houston que se volvió loco al recibir el golpe de aquel liquen, que según la examinación era alucinógeno, y que de alguna forma había penetrado en su casco.
A su llegada a la tierra lo metieron a un psiquiátrico, donde repetía constantemente que se había encontrado con un marciano en Marte y también terminó volviéndose loco.

Diez años después Un segunda tripulación bajo a investigar a Marte, en otro lugar donde unas edificaciones del mismo tipo que las anteriores, se encontraron con una civilización, una civilización pacífica. Donde encontraron al marciano que le había dado el mensaje al astronauta loco.
A su vuelta a la Tierra se acreditó a la familia del astronauta que afirmó primero que en Marte había vida, aunque fuera demasiado tarde para él, ya que su locura era muy avanzada y ya no entendía lo que se le decía…

N/A: una de las pocas historias de ciencia ficción que he escrito

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